“La educación tiene que ser reinventada”: Jesús Martín Barbero

Jesús Martín-Barbero es Doctor en filosofía, con estudios de antropología y semiología, es un experto en cultura y medios de comunicación que ha producido importantes síntesis teóricas en Latinoamérica acerca de la posmodernidad. Aparte de ejercer docencia en Colombia y México ha sido profesor visitante de las universidades Complutense de Madrid, Autónoma de Barcelona, Stanford, Libre de Berlín, King’s College de Londres, Puerto Rico, Buenos Aires, São Paulo, Lima, entre otras. En 1975 fundó la Escuela de Comunicación Social de la Universidad del Valle y en 2003 obtuvo la nacionalidad colombiana.

¿Cuáles son las competencias que tendría que tener un comunicador social en relación a sus prácticas dentro de la comunicación digital?

Últimamente he estado reflexionando bastante al respecto y creo que se podrían condensar en tres tipos de competencias. Las primeras, competencias históricas. Ni siquiera creo que el manejo de una cámara se pueda hacer con una cierta capacidad creativa si no hay un mero conocimiento de la historia de la cámara, de la historia de la fotografía, que no es sólo una historia de aparatos, es una historia de modos de usar los aparatos, para qué se usaron, en qué situaciones se usaron, y creo que hay un problema muy fuerte, que es la enorme dificultad para enseñar la historia a la gente joven hoy, pero eso es un problema más de los maestros que de los jóvenes. Aquí hay un tema central: cómo recuperar para la gente joven la competencia histórica, los nexos entre tecnologías, formatos, narrativas, géneros.

Creo que ahí hay una dimensión clave, pero haciendo hincapié en la historia. Por ejemplo, hay una historia de la publicidad que no es historia sólo de lo comercial, sino de narrativas, de géneros, de modos de usos de los recursos técnicos. Segundo, competencias lógico-simbólicas. No creo que hoy la gente pueda manejar la complejidad de las tecnologías, no la complejidad en el sentido asustador e inmovilizador, sino la complejidad en el sentido de posibilidades, de interacción, de interactividad, de hacer programas para hacer cosas, y no solamente hacer cosas. Creo que aquí, sin un cierto conocimiento de estos nuevos tipos de lógicas simbólicas, que vienen de la lógica matemática pero que han tenido un desarrollo mucho más abierto que la propia lógica sola matemática, creo que es muy difícil poder aprovechar en sus posibilidades lo que hoy nos plantean las nuevas tecnologías. Nunca esta relación había sido tan fuerte entre experimentación científica y experimentación estética.

Nunca el conocer y el crear habían estado tan cerca en términos científicos. En tercer lugar, los saberes estéticos, no sólo lo que veía Beatriz Sarlo sobre Borges, no sólo de los heredados, sino de los que están en estos momentos en el mundo de lo no heredable o de lo que está en el mundo de lo construible, lo que este decía de José Hernández, en que la tradición lo único que podía y debía hacer era modificarla. Unas competencias estéticas básicamente capaces de modificar el sesgo mercantil, el sesgo chato, barato, de muchos de los desarrollos del mundo audiovisual en nuestras sociedades.

A partir de nuevos escenarios como el 11-M, donde emergieron nuevas prácticas sociales, que algunos autores denominan swarming, ¿usted cómo ve la nueva conformación de las redes sociales a partir de las nuevas tecnologías?

Creo que estamos empezando a ver las potencialidades sociales de las redes. En el fondo diría que es un nuevo modo de lazo social. Lazo social que nosotros conocemos de la modernidad, muy ligado a la presencia física de la gente en un espacio concreto, con toda esta gente del carisma, del líder, del caudillo. Evidentemente la red es otro modo de relación social, mucho más desencantada. No hay aquí carisma, no hay la muchedumbre, pero curiosamente lo que demuestran estos acontecimientos es que la red social que parte de lo otro, de la frialdad, de tu soledad, de tu computador, de tu celular desde un rincón, es capaz de repotenciar lo que creíamos muerto, que es la muchedumbre en la calle.

Lo curioso para mí, que es estratégico, después de lo que pasó en España, que de alguna manera fue lo de cacerolazo.com. Con esa cantidad de gente que salió a la calle, ahí empezamos a ver el otro tipo de conexión, de estas nuevas interacciones y la potencialidad de lo social. En alguna medida diríamos, unas ciertas maneras de hacer política y unas ciertas maneras de entender el lazo social se han quedado cortas, se han quedado estrechas para dar cuenta de lo que estamos viviendo. Al otro lado no hay que poner a la tecnología como la clave del nuevo lazo social, sino los nuevos modos de relación entre estas nuevas experiencias de los ciudadanos y estas nuevas experiencias de la puesta en común de los modos de comunicar.

Creo que ahí hay que ser muy finos, porque es muy fácil, o pasar al pesimismo tecnológico con el escepticismo político neoliberal, donde la economía se toma en primer plano. Diría que al revés, los que nos demuestran estos nuevos modos de relación entre posibilidades de comunicación y ciudadanización de la política, es justamente que aquella negatividad que nos trabajó desde cierto marxismo, desde cierto discurso de izquierda acerca de la tecnología, ha fallado.

Por lo tanto no se trata ni de sesgarla desde el lado de punta de lo que se llamaba en los tiempos de Mattelart la marca de fábrica del poder, pero tampoco del lado del optimismo de la marca de fábrica en términos anarquistas. Vengo más bien del anarquismo, y creo que lo que pasó en Madrid y en toda España esa tarde, fue un fenómeno totalmente anarquista. Porque no fueron los partidos, no fueron las instituciones, lo que estoy diciendo es que fue un anarquismo reinventado, a partir de de algo que jamás era pensable, porque la bomba no era una bomba de destrucción, eran cincuenta mil personas en la calle.

Y en esta idea de red, donde avizoramos un corrimiento de lo jerárquico a una idea mucho más horizontal y espontánea, ¿cuál sería el rol del comunicador?

Una de las cosas más importantes que están pasando en el campo de las políticas culturales y que fueron originalmente del Estado es que hoy día se están haciendo desde los municipios, desde los barrios. Ha habido un estallido, y los actores de las políticas, los que diseñan proyectos son cada vez más una multiplicidad de actores que van desde la gestión a la creación, pasando por una academia de investigación. Se podría decir que lo que estamos viviendo es más desafiador, pero también más estimulante es esta polarización de los actores culturales. Esta en gran medida es una desestatalización de la política, una ciudadanización, como diría Lechner.

Estamos en un momento donde la cultura es un elemento estratégico de reivindicación política de todas las formas de exclusión que la modernidad se saltó. Por un lado dice que el ciudadano está por encima de los sexos, de las razas, de las religiones, dejó viviendo la exclusión de las religiones, por ejemplo de los protestantes en América Latina, de las mujeres, de los homosexuales. Ahora estamos ante un momento en el cual la cultura es el espacio de reivindicación política de toda esa diversidad que no había sido capaz de asumir la democracia liberal moderna. En ese sentido es lo que ya veía muy pioneramente Oscar Landi, la renovación de la cultura política pasa por las políticas culturales. La políticas culturales en su sentido más ancho, que incluye las políticas educativas.

Desde esta perspectiva de la comunicación desde la cultura ¿cómo se relaciona esta con la educación?

La sociedad del conocimiento, nos guste o no, es lo que de alguna manera Castells ha puesto sobre la agenda. Aquí hay una transformación radical, vale más el conocimiento que la materia prima, vale más el conocimiento que miles de músculos moviendo máquinas. Hay un filósofo matemático francés, Michael Serres, que dice que aquí hay una mutación como la del neolítico. Durante mucho tiempo la máquina simplemente ahorró energía muscular, ahora no.

La máquina ahorra, complementa, coordina pensamiento, conocimiento, es decir el valor agregado es mucho más costoso que el valor primario. En este sentido la educación tiene que reiventarse. Esta educación que sigue con el modelo del libro, de izquierda a derecha, lineal, secuencial, de arriba abajo, autoritaria, haciendo en gran medida que el alumno tenga que repetir lo que dice el maestro. Ya no es una voz del maestro que incita a hablar, a escribir, a pensar, a crear. Más allá de la buena voluntad del maestro es una cuestión del modelo de comunicación en la educación. Hay una esquizofrenia entre el modelo de comunicación social, que es mucho más abierto, mucho más de red, mucho más complejo y el modelo de comunicación escolar que sigue siendo jerárquico. Uno diría aquí está, pero el problema es que para nuestros países es definitivo, porque los nuevos mapas laborales los está consiguiendo el mercado.

Nuestras universidades no lo están pensando, nuestros colegios secundarios no lo están pensando, nosotros no sólo tendríamos que auscultar las tendencias del mercado para adecuar nuestros planes de estudios, tendríamos que auscultar las tendencias de la sociedad, pero para eso no tenemos cómo. Porque la educación cuando entiende entrar en contacto con la sociedad entra en contacto con la demanda del mercado. El caso de la comunicación es clarísimo, ¿cómo quieren que sean los periodistas hoy en las empresas?, ¿cómo quieren que sean los de video?, pero no es eso solo, no digo que no hay que tenerlo en cuenta, no tenemos que ser suicidas, pero la sociedad es más ancha que el mercado. Aquí hay un desafío monumental porque el modelo de comunicación escolar está cien años más atrás que el modelo de comunicación social.

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